La información está en todas partes,
el reto es hacer un uso efectivo de ella. Gran verdad. Por tanto, es
imprescindible que quienes hemos elegido la docencia centremos
nuestras propuestas de enseñanza en el proceso mismo de aprendizaje
más que en la información suministrada. El movimiento hacia el
contenido abierto es un fiel reflejo de este viraje de la
conceptualización de la educación. Movimiento que invita a
compartir no solo información, sino también significativos aportes
en relación a pedagogías y experiencias. Movimiento que no solo
posibilita aprender un contenido particular sino también
competencias varias de búsqueda, interpretación, evaluación y
reutilización de tales recursos. Competencias que, en palabras de
Cristóbal Cobo, constituyen una caja de herramientas imprescindible
para vivir en un entorno influenciado por TICs que demanda una
adopción permanente de prácticas innovadoras. Pero ¿cuán válidos
son los contenidos abiertos? Cobo no duda al respecto: la validez de
los contenidos abiertos es relevante, en tanto son actualizados y
revisados constantemente entre pares, volviéndolos igualmente
veraces, precisos y razonablemente confiables en comparación a los
cerrados. Aunque insiste, y adhiero a la misma premisa, acceso
abierto a los contenidos no necesariamente implica aprendizaje de
buena calidad, en primer lugar porque "acceso abierto" no
es sinónimo de uso y en segundo lugar, aunque no menos importante,
porque la apertura de acceso a tales contenidos no garantiza un
aprendizaje significativo. Contenido abierto que, sin embargo, ha
generado cierta metamorfosis cultural, impactando en nuestra forma de
producir, organizar, compartir, seleccionar y reutilizar contenidos,
creando y administrando redes sociales y comunidades de aprendizaje,
así como nuestra propia huella digital. En síntesis, un movimiento
abierto que "ha derivado en un cambio de actitud que se traduce
en contenidos más abiertos". Y ahí es donde elijo redoblar la
apuesta, haciendo consciente mi participación en este movimiento, y
trabajando por ello... ¡A romper las cadenas y ser creativos (abajo los orígenes y aventuras de las licencias Creative Commons)!

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